Este sábado 22 de febrero de 2025, por la tarde, miles de empleados federales de Estados Unidos abrieron sus bandejas de entrada y se encontraron con un correo inesperado.
El mensaje, enviado desde una nueva dirección de Recursos Humanos de la Oficina de Gestión de Personal (OPM), les pedía detallar en cinco puntos qué hicieron la semana pasada.
Sin firma y con el asunto “¿Qué hiciste la semana pasada?”, el email advertía que no responder se interpretaría como una renuncia
. Elon Musk, el polémico magnate al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), lo confirmó en redes: “El que no conteste, fuera”.
Pero no todos están dispuestos a seguir el juego.
Agencias como el FBI y otros departamentos de seguridad nacional han dicho a su personal que no respondan aún, dejando claro que este movimiento pilló desprevenido a gran parte del gobierno.
¿Qué busca Musk con esto?
La respuesta está en su obsesión por adelgazar el tamaño del Estado.
We live in the best timeline
pic.twitter.com/UTvsQVz7x9— Elon Musk (@elonmusk) February 22, 2025
Desde que Donald Trump asumió la presidencia hace un mes, Musk ha liderado una campaña implacable para recortar el gasto público, empezando por la fuerza laboral federal, que supera los 2,3 millones de empleados.
Este email no es un capricho: es un paso más en su plan para identificar quién “sobran” en un sistema que él y Trump consideran hinchado y poco eficiente. Pero el caos que ha generado este ultimátum también revela las tensiones internas y la falta de coordinación en la Casa Blanca.
Un mes frenético: Musk en acción desde febrero
Hoy, 23 de febrero de 2025, se cumple poco más de un mes desde que Trump volvió al poder, y Musk no ha perdido el tiempo.
Su DOGE, creado por orden ejecutiva el primer día de mandato, ya ha despedido a miles de trabajadores federales, con estimaciones que rondan los 9.500.
La mayoría han sido empleados en periodo de prueba, más fáciles de echar, pero el objetivo es mucho mayor: hasta 200.000 puestos podrían estar en la mira, informa The Guardian.
- Despidos masivos: Ha liderado recortes en agencias como el Servicio Forestal (3.400 empleos) y el IRS (6.000 despidos), enfocándose en lo que él llama “agencias innecesarias”.
- Acceso a datos sensibles: Su equipo ha intentado entrar en sistemas del Tesoro y la Seguridad Social, lo que provocó la dimisión de la jefa interina de esta última, Michelle King, tras resistirse a ceder información delicada.
- Auditorías exprés: Jóvenes ingenieros sin experiencia gubernamental, mano derecha de Musk, han auditado departamentos enteros, desde el Departamento de Educación hasta la FAA, buscando dónde cortar.
- Choques internos: Su estilo ha frustrado a figuras como Susie Wiles, jefa de gabinete de Trump, que reclama más coordinación, según Reuters.
El sábado, Trump le dio un empujón público: “Sé más agresivo, Elon”, dijo en una conferencia en Mar-a-Lago. Horas después llegó el email. Esto no es casualidad. Musk quiere resultados rápidos y tangibles para demostrar que su DOGE funciona.
Orientando la política de Trump
Musk no solo ejecuta órdenes; está moldeando la política de esta Administración.
Su influencia va más allá de los despidos. Quiere modernizar el gobierno con tecnología, como sistemas de inteligencia artificial, y reestructurar programas de defensa, algo que podría beneficiar a sus empresas, como SpaceX. Esto ha levantado alarmas por posibles conflictos de interés, sobre todo con la NASA, que maneja datos de competidores de Musk.
En una entrevista reciente en Fox News con Sean Hannity, Trump y Musk defendieron los recortes como una forma de “restaurar la voluntad del pueblo”. Pero expertos citados por CNN advierten que el ritmo y la falta de criterio están generando caos. Agencias clave, como las de seguridad nuclear, han tenido que recontratar personal tras despidos mal planificados. La estrategia parece más ideológica que práctica, dicen analistas de WSJ.
El email de ayer es un ejemplo perfecto.
Sin aviso ni protocolo claro, ha dejado a empleados y agencias preguntándose quién está realmente al mando. El FBI y otros han optado por ignorarlo, lo que sugiere que el poder de Musk tiene límites. Aun así, su huella en la política de Trump es innegable: está llevando el gobierno hacia un modelo más empresarial, con menos trabas y menos empleados.
¿Qué persigue Musk con este ultimátum?
- Filtrar “peso muerto”: Quiere saber quién aporta valor y quién no, según su lógica de eficiencia empresarial.
- Presionar al sistema: Forzar una reacción rápida prueba cómo responde el gobierno bajo estrés.
- Controlar la narrativa: Cada despido refuerza su imagen de reformador implacable, algo que le encanta proyectar en redes.
- Empujar su agenda tech: Menos empleados podrían justificar más automatización, un terreno donde sus empresas brillan.
Pero hay riesgos. La resistencia de agencias clave y las críticas de sindicatos, que ya han llevado el caso a los tribunales (CNN), podrían frenarlo. Además, la falta de apoyo explícito de algunos asesores de Trump, como Wiles, apunta a fisuras internas. Si el experimento sale mal, Musk podría ser el chivo expiatorio.
Musk: el hombre detrás del caos
- Obsesión por el trabajo: En X, se dice que duerme en la oficina del DOGE para no perder tiempo. No es raro: ya lo hizo en Tesla.
- Humor ácido: Llamó al USAID “nido de marxistas que odian América”, según Al Jazeera. Le encanta provocar.
- Familia al poder: Su hijo, X Musk, ha aparecido con él en el Despacho Oval, como si fuera un asesor junior.
- Contradicciones legales: La Casa Blanca dice que no dirige el DOGE, pero Trump lo presenta como el jefe. ¿Quién miente?