El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Podría interpretar a fray Ejemplo?

¿PODRÍA INTERPRETAR A FRAY EJEMPLO?

SI ENSAYAS, VERÁS QUE ESE ROL LO CUADRAS,

PORQUE, ¡ANDA!, ¡QUE NO MIENTES EN TUS TEXTOS!

Hoy he vuelto a recibir un “emilio” (¿me habré levantado de la cama nostálgico?, me interrogo, pues así llamaba servidor otrora al e-mail), o sea, correo electrónico, de quien empezó siendo una mosca cojonera o moscardón zumbador, pero con escasa burla, vaya o zumba, y ha devenido, con el lento, lógico, prudente y sabroso paso del tiempo, en acicate o aliciente y hasta en negro literario, salvo por un detalle precipuo o principal, no menor, que no le pago (o sí, porque, si hago caso a una confesión que me hizo el susodicho antaño, en el pasado, cuando él era un pesado, aprendía tanto leyendo y releyendo mis urdiduras o “urdiblandas”, que así se sentía magníficamente remunerado).

En el tierno u hodierno, reconoce que, como le entusiasmó tanto cómo le quedó la firma que ideó y le colocó o puso al anterior, el penúltimo, “Anónimo que anima al de seudónimo”, un endecasílabo perfecto, ya no procederá a ejercer de terco camaleón, al menos conmigo, y lo mantendrá en vigor como alias o mote normal, regular, si no tengo inconveniente. Este menda no pone objeción a que siga pergeñando nuevas personalidades, como antiguo Zeus o moderno Mortadelo, ni a que sienta la cabeza y deje a otros el devaneo o galanteo y la libación aquí, ahí y allí, como abeja obrera. Ahora bien, como las líneas que logró agavillar en el penúltimo que me escribió y mandó me placieron (qué pocas veces he usado dicha forma verbal en mis textos; así que, para desquitarme o resarcirme, me ha brotado una medida sin medida, a la que le pondré un límite; confío, deseo y espero que el atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de estos renglones torcidos no se moleste o enfade conmigo por darle al mencionado brote el apetecido curso aquí, entre los signos de apertura y cierre de este paréntesis: placieron, placieron, placieron, placieron; que con el anterior suman cinco, y juzgo que con los tales basta) sobremanera, prefiero que siga usando el pintiparado hallazgo, con la misma u otra cantilena o cantinela.

En el postrer correo, el de marras, tras dar oportunidad a la conjetura o la hipótesis, me pregunta: “En el supuesto de que yo fuera un director de cine y hubiera pensado en la posibilidad de filmar una película sobre fray Ejemplo (y hubiera pensado, asimismo, en ti, para que me ayudaras a escribir el guion), ¿qué actor crees, de veras, que encajaría con la personalidad de tu personaje prototípico?”.

Tras dar innumerables vueltas al asunto y descartar, obviamente, a los que no podrían interpretarlo por haber fallecido (aunque ahora con esa satánica herramienta de la Inteligencia Artificial, IA, se podrían hacer diabluras; bastarían las manos expertas de un demonio perito para conseguir que los muertos resucitaran), me decantaría por Robert Downey Jr, extranjero, y por Javier Bardem, nacional, que son dos auténticos camaleones.

Si no hubiera avejentado (que en el filme no lo ha hecho) ni estuviera criando malvas, está claro, cristalino, que me hubiera inclinado, a ojos cerrados, por Sean Connery, cuando interpretó a Guillermo de Baskerville en la cinta cinematográfica, basada en la homónima novela de Umberto Eco, publicada en 1980, “El nombre de la rosa”, que dirigió Jean-Jacques Annaud seis años más tarde.

Te parecerá mentira (le he escrito y mandado a “Anónimo que anima al de seudónimo”), pero, si hubiera seguido con las inquietudes dramáticas de antaño, que me surgieron y quedaron olvidadas y aun sepultadas en Navarrete, donde interpreté todas las festividades de san José (pues los tres 19 de marzo, día del padre y del seminario, que estuve allí, estrenamos las funciones, multiensayadas, ante muchos de nuestros padres, especialmente invitados à la première) sendos papeles y me aprendí de memoria las tres obras teatrales enteras, yo tampoco sería mal candidato.

¿Barrunta el lector qué me ha respondido? “Si ensayas, verás que ese rol lo cuadras, porque, ¡anda!, ¡que no mientes en tus textos!”, que son endecasílabos perfectos.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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