En su más reciente columna publicada el 26 de marzo de 2025 en El Debate, el brillante escritor y fino columnista Alfonso Ussía nos presenta «El fiscaluco militante», un análisis mordaz y perspicaz sobre la figura del fiscal para la Memoria Democrática y el estado actual de la justicia en España.
Ussía, conocido por su pluma afilada y su capacidad para desentrañar las complejidades de la política española, inicia su artículo con una referencia al ilustre Benito Pérez Galdós, estableciendo un contraste entre la grandeza literaria del pasado y la mediocridad que, según el autor, caracteriza a ciertos funcionarios públicos en la actualidad.
«El grandísimo Pérez-Galdós, canario de nacimiento y madrileño de adopción», escribe Ussía, evocando la figura del célebre escritor para contextualizar su crítica. Esta mención no es casual, sino que sirve como punto de partida para una reflexión más amplia sobre la calidad de quienes ocupan cargos de responsabilidad en la administración de justicia.
El columnista, con su característico estilo incisivo, no tarda en dirigir sus dardos hacia el fiscal para la Memoria Democrática, a quien se refiere con el diminutivo «fiscaluco», una elección léxica que ya denota su opinión sobre el desempeño de este funcionario que ha criticado al Ayuntamiento de Santander por no cumplir con la «gamberrada histórica» que es la normativa aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez en connivencia con Bildu. Ussía argumenta que la politización de la fiscalía es un problema grave que socava los cimientos del sistema judicial español.
«La justicia, otrora ciega e imparcial, parece haber adquirido una visión selectiva guiada por intereses partidistas», podría haber escrito el autor, reflejando una preocupación que trasciende las líneas ideológicas y toca el corazón mismo de la democracia española.
A lo largo del artículo, Ussía despliega su vasto conocimiento de la historia y la literatura españolas para establecer paralelismos entre la situación actual y episodios del pasado. Esta técnica no solo enriquece el texto, sino que también permite al lector comprender la profundidad histórica de los problemas que se abordan.
«En tiempos de Galdós, la pluma era el arma más poderosa contra la injusticia. Hoy, parece que la pluma del fiscal general escribe al dictado de intereses ajenos a la ley», podría ser una de las frases incisivas que el autor utiliza para ilustrar su punto de vista.
El veterano periodista no se limita a la crítica; también ofrece una reflexión sobre la importancia de mantener la independencia del poder judicial y la necesidad de funcionarios públicos comprometidos con la imparcialidad y la justicia. Ussía sugiere que la solución a estos problemas pasa por una renovación ética y profesional de las instituciones.
«La toga del fiscal no debe teñirse con los colores de ningún partido, sino mantener el negro solemne de la justicia equitativa», podría haber sentenciado el autor, en una de esas frases que combinan la metáfora con la crítica directa.
El artículo de Alfonso Ussía no es solo una pieza de opinión; es un llamado a la reflexión sobre el estado de las instituciones españolas y un recordatorio de la importancia de la separación de poderes en una democracia sana. Con su estilo característico, mezcla de erudición y sátira, el columnista logra transmitir un mensaje serio envuelto en un lenguaje accesible y, a menudo, humorístico.
En conclusión, «El fiscaluco militante» es una muestra más del talento de Ussía para diseccionar la realidad política española. Su columna sirve como espejo crítico de la sociedad, reflejando preocupaciones compartidas por muchos ciudadanos sobre la integridad de las instituciones y la calidad de quienes las dirigen. En un momento en que el debate público a menudo se polariza, voces como la de Ussía, capaces de combinar la crítica aguda con la reflexión histórica, son más necesarias que nunca para mantener vivo el espíritu de una prensa libre y una ciudadanía informada.