Santi González ha destapado otro dato oculto en la trayectoria del señalado ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. O quizás deberíamos empezar a escribir Fernando Grande Marlasca, porque según el colaborador de ‘Herrera en COPE’, su apellido es otro fake.
González entraba en ‘Herrera en COPE’ en un lunes, 22 de junio de 2020, marcado por el final del Estado de Alarma, para poner patas arriba el ministerio de Interior.
El tertuliano de la emisora episcopal entraba de lleno en las valoraciones de ministros, donde se llevan la palma los ‘marqueses de Galapagar, Pablo Iglesias e Irene Montero y también el susodicho Marlaska, que ha hecho trampas hasta con su apellido:
Es Marlasca por parte de madre. El guion se lo ha inventado él. Y la K. Su padre se llamaba Avelino Grande. Y su madre Marlasca Gómez. El unió el primero de su padre y de su madre.
Carlos Herrera permanecía atónito ante lo que sería una nueva trampa al solitario de un político que ha dilapidado toda su excelente trayectoria como juez desde que se hizo cargo de la cartera de Interior.
A qué espera Marlaska para irse
Como subrayó ‘ABC’ el pasado 3 de junio de 2020, Fernando Grande-Marlaska se está moviendo ahora entre el ridículo y la indignidad, situaciones incompatibles con ocupar un cargo público, menos aún si es el Ministerio de Interior.
Grande-Marlaska quedó ante la opinión pública como un mentiroso, porque el cese del coronel Pérez de los Cobos fue «por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo de Policía Judicial, con fines de conocimiento».
Así se describe la fulminación de Pérez de los Cobos en el oficio firmado por la todavía directora general de la Guardia Civil, María Gámez.
Uno y otra se sostienen en sus cargos solo por la voluntad de Pedro Sánchez, lo cual es poco decir.
Ya han perdido, Marlaska y Gámez, ese mínimo vital de dignidad que hay que conservar en política para presentarse ante los ciudadanos sin que se caiga la cara de vergüenza.
Si además la causa es el maltrato público a la cúpula de la Guardia Civil, la ineptitud del ministro y su directora general para seguir en sus cargos es irreversible.
El Gobierno respaldó a Grande-Marlaska no porque las peticiones de su cese sean injustas, sino porque este Gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza, comparte con el ministro del Interior su apego por la mentira y la bajeza ética. Comparten lo que dice y hace Grande-Marlaska porque es su método para gobernar.
Su problema es que España sigue siendo un Estado de Derecho y todos están sometidos al imperio de ley y al control por los tribunales.
El oficio firmado por Gámez, aunque busque refugiarse en los resquicios de una prosa pretendidamente ambigua, es un ejemplo canónico de represalia ilegal contra un funcionario que cumplió con su deber.